domingo, 24 de julio de 2011

¿EN QUE FALLÓ LA EDUCACIÓN QUE RECIBIMOS?


Ante esta pregunta, inevitablemente, muchos responderán que la educación que recibimos falló EN TODO. Desde el punto de vista psicopedagógico falló en principios absolutamente esenciales.

Cuando nos han enseñado a fijarnos de forma casi exclusiva en lo negativo que hay a nuestro alrededor, indefectiblemente, casi sin darnos cuenta, hemos aprendido a estar siempre en guardia, para corregir a la mínima oportunidad al que supuestamente ha hecho algo mal. Ese principio tan claro en psicología, sobre la importancia del refuerzo, del reconocimiento, de animar a las personas, de congratularnos con sus logros, sus avances..., sigue estando sepultado, en aras del castigo, de la humillación, de la agresividad, de la dureza que a veces encierran nuestras llamadas de atención.

Si tuviéramos que exponer los fallos de la educación que recibimos, no podríamos por menos que enumerar algunas de las grandes equivocaciones en que se sustentaron, entre las que cabe citar las siguientes:

  • Fijarnos en lo negativo y no en lo positivo.
  • Sancionar, en lugar de reforzar.
  • Imponer, en lugar de dialogar.
  • Emplear el deber y el miedo, en lugar de la motivación.
  • Potenciar:
    1. El seguidismo, en lugar del razonamiento.
    2. El inmovilismo, en lugar de la creatividad.
    3. La dureza, en lugar del afecto.
    4. La insensibilidad, en lugar de la sensibilidad.
    5. La tristeza, en lugar de la alegría.
    6. La derrota y el pesimismo, en lugar de la esperanza
    7. La desconfianza y la ruindad, en lugar de la confianza y la transparencia.
  • 8. La inseguridad, en lugar de la seguridad.
  • 9. La humillación en lugar de la autoestima.
  • 10. El egoísmo, en lugar de la generosidad.

Pero lo peor es que estos fallos no sólo se siguen cometiendo en la educación de los niños, los adolescentes, los jóvenes y los adultos de hoy, sino que se han potenciado, al calor de la sociedad de consumo que nos arrolla, cuando no ahoga, a las personas, supuestamente privilegiadas que disfrutamos de las llamadas culturas avanzadas de los países desarrollados.

  • El consumismo impera sobre el consumo sostenible.
  • La intransigencia sobre la flexibilidad.
  • El dogmatismo sobre el respeto a la inteligencia.
  • Las mentes cerradas sobre las mentes abiertas.
  • La reacción y el estrés sobre la acción y la salud.


Hemos de potenciar el equilibrio, la madurez, el autocontrol, desterrar la tiranía, la manipulación, la insolidaridad, el narcisismo, el desequilibrio y la insatisfacción permanente. Porque debemos saber disfrutar de nuestra vida, de esa búsqueda sana y transparente de la felicidad.



Texto sacado del libro: LA INUTILIDAD DEL SUFRIMIENTO, de Mª Jesús Álava Reyes.